jueves, 29 de marzo de 2018

Tu herida.

Le doy vueltas a las palabras, las cambio, las invierto, las mareo, las desordeno y sigo sin conseguir dar alguna vuelta que no me acabe llevando a ti.

Parece patético el intento desenfrenado de ocultar que te pienso, que a cada tanto siento que te echo de menos y que ojalá estuvieras aquí, a mi lado. No quiero escribir sobre ti, pero...Si te estoy sangrando y hablar de mí,  aun sin querer de todo corazón, implica hablar de ti, de un casi nosotros. Al principio yo ni quería darte importancia y ahora... Ya nada que no seas tú me termina de llenar. Quizás debería decidirme por colgar mi orgullo y escribir con el corazón abierto de par en par para que todo salga, como si me hubiera inundado por dentro y ahora necesitara vaciarme, para que la tinta sea cada gota que derrame de ti y cada palabra sea un plasmo de todo lo que me pesa. Aunque en realidad no son palabras, son lamentos escritos de todo aquello que ya no podrá ser.

Lo malo de llevar a alguien dentro, muy adentro, es que después ya no sabes qué hacer con este hueco que deja, no sabes dónde meterte en noches de nostalgia, ni dónde meter este dolor que a veces se arrastra clavándose todo a su paso. Al dolor le duele tu indiferencia, tú, que me llegaste a importar tanto... Miro hacia todos lados y no, seamos menos idealistas, no te veo pero te pienso sin razones ni argumentos sólidos. Ojalá no tengas nunca ganas de contarle cosas que te pasan o que son importantes para ti a quien no le importas y, si te pasa, ojalá no te escueza tanto como a mí. Tú, que me vistes desnuda de apariencias y superficie me puedes llamar nadie porque así es como se sienten las personas a las que nunca miras por mucho que las veas, a quienes preferiste dar la espalda cuando necesitaban tu mano.

Qué básicos somos, pensamos en el dolor como algo físico, dolor de cabeza, dolor de garganta, dolor de barriga... Y no pensamos en el dolor más doliente, más desesperante, el que no se puede comprender ni explicar, el que es tan etéreo como lo son ahora tus dedos acariciando mi piel. Aunque quizás no necesite tus caricias en sí, sino cómo me hace sentir el rastro momentáneo que dejan. Ese infravalor de una lágrima que lleva tu nombre. Todo aquello que se siente pero no se ve.

Llegaste para colonizarme, cual intelectual curioso por descubrir pero resultaste ser un bárbaro que toca y destruye y ahora al pensarte a ti, que te siento aunque ya no te vea, solo escucho" barbar barbar". Ronroneo molesto que me agobia, que me desespera por huir, por correr lejos, tan lejos que ya no necesite taparme los oídos para ya no oír. Pero...¿Cómo huir de algo que siempre va contigo, que está en ti? Me puedes llamar asesina. Asesina de algo que para mí vale tanto y para ti no ha valido nada. Porque estos recuerdos de dos dependen solo de uno y los voy a ir olvidando lentamente, dejando que se mueran ahogados en la orilla de los casi y ya no pienso mirar hacia atrás.

Bueno, a lo que iba, lo malo de sangrarte es que no necesito llorar constantemente para sentir que te deslizas por fuera del fondo de mi pecho, como si me estuviera vaciando por dentro aunque en realidad me estoy vaciando de ti. Este es un derrame lento, suave, espeso, espeso porque tus recuerdos pesan, pesan más de lo que merecen. Y yo voy a abrir la herida, a echarle agua salada, a gritarle al silencio, a llorar, a recordar que no me recuerdas, a pensar que ni me piensas aunque sea por casualidad, a darle especial importancia a que para ti no hay nada especial en mí. Voy a dejar que me duela el dolor más de lo que ya duele, que me pique, me retuerza, me desespere, me cure. Porque...Si tu despedida fue la herida, su sutura, será mi salvación.

martes, 6 de marzo de 2018

¿y tú?

A ti, que vas por la vida como si las cosas te importaran poco, como si nada fluyera porque todo influye y el todo engloba siempre mentiras. A ti, que actúas como si todo fuera divertido, como si la vida fuera una fiesta infinita y fueras quien disfruta la borrachera de placer sin pausa.

A ti, que vives como si nada te doliera, como si todo lo bueno lo atrajeras y como si preocuparte ya no ocupara lugar, porque no vas perder tu tiempo sintiendo, derrochando tus manecillas con otra cosa que no seas tú.

A ti, que saltas de fiesta en fiesta y bebes porque te toca, que los años te han machado muy pronto dejando marcados en tu interior demasiadas cicatrices, que te has hecho inmune y ya prefieres  no saber de tantas cosas... Sé que has deseado que las lágrimas no tuvieran tanta sal porque escocerían menos. Lo sé, ya no quieres verte más dentro de un juego donde acabas tocado y hundido debajo de las sábanas. Aparentas todo lo que te gustaría tener con la esperanza de que venga hacia ti y los dos sabemos que no me refiero a nada material. Sé que las inseguridades a veces te sepultan y ya no sabes que hacer con ellas.

Porque tú, que no paras de decir lo cansino que resulta ver tanta apariencia y muy poca sinceridad, que este mundo está lleno de hipocresía y que nos llenamos la boca afirmando lo buenos que somos mientras matan de hambre a tanta gente en otros sitios del planeta.Te quejas de que cada vez vivimos más mirando hacia abajo que hacia el frente, y cuando no, preferimos mirar hacia los lados, como si nada fuera con nosotros, como si así nos laváramos las manos, como si la verdad no existiera para que no nos toque, nos haga sentir culpables y como si nada que no se ajuste a nuestro alrededor o beneficio, nos afectara. Nunca nadie pensó que la imagen de los tres monos sabios nos iba a representar tanto. De los valores ya solo queda la palabra y parece que las críticas negativas están siempre de oferta y la gente se siente generosa repartiéndolas, esté el destinatario delante o no.

Tienes asco al modelo de vida centrado en el postureo y en todas las ganas de dar envidia que se esconden detrás. Ya no hace falta salir a la calle para que te lancen cuchillos y las mentiras son el pan de cada día. En el fondo piensas que antes las cosas eran mejores, antes no daba tanto miedo querer a nadie, las apariencias se quedaban en una simple imagen y habían muchas cosas más allá de eso. Te quejas de que esta sociedad no solo tiene el cartel de hipócrita en la frente, sino también de egoísta, de moverse solo por el interés, de exigir, pedir y pretender no dar nada a cambio.Te agobias nadando en un mundo donde solo existe "más para mí y si queda algo, también para mí". Te desconcierta el hecho de que las personas se muevan más por interés que por voluntad propia. A veces no sabes ni como flotar, porque tus fotos en tus redes sociales te condicionan, tus palabras te aprisionan, tus contestaciones te condenan.  Reírse de todos es mejor que razonar y analizar, el respeto para muchos es algo que se come pero que nunca se lleva a la práctica.

El mundo se esconde debajo de una careta que cada uno decora con los engaños que más le gusta y debajo de esta tienen otra un poco más distinta, por si acaso. Demasiados golpes dentro de una pecera sin agua te enseñan a callar, a fingir,a pasar y a desconfiar en cualquiera que antes no haya abrazado tu sombra y no te haya rematado cuando tuvo su oportunidad. Esta selva nunca ha sido construida para personas débiles y tu única opción es buscar la manera de sobrevivir cueste lo que cueste, cuestes lo que cuestes. Sabes que esto no puede ser eterno, que no debería de perdurar más, que no debería de empeorar.  Pides un nuevo sistema, unas nuevas visiones, una evolución con más emociones y menos vacíos. Exiges un lugar con menos pretensiones y algo más de paz, con más voluntad, con más bien, porque ya no es algo moral, es algo que tiene la etiqueta de "necesidad urgente".  Juzgas, criticas y, sobre todo, deseas un cambio pero... ¿ y tú?, ¿te conoces mascarita?

sábado, 14 de octubre de 2017

Palabras de un corazón cansado.

Si tuviera que describir a mi corazón, diría 'cansado', casando de extrañar a quien parece que me echa de más, cansado de tantos golpes, de tantas mentiras, de tanta indiferencia. Cansado de dar lo mejor para chocar contra un muro una y otra vez, de derramar lágrimas por quien parece que le quema dedicarme un poco de atención...

Perdón, rebobinemos, el adjetivo se equivocó de sentimientos y no le culpo, si yo estuviera siempre cansada también tendería a ir a por lo triste, pero no, me temo que en estas letras no hay ni una lágrima ni un signo de dolor. Ojalá pudiera decir que es desprecio o aborrecimiento, pero ni siquiera te mereces que sienta eso, y no lo dice mi orgullo, lo digo yo. Lo digo yo plenamente consciente de que cuando quiero, soy buena jugadora, pero en tu juego estoy harta de perder y de no ser capaz de saltarme las normas para no hacer daño a nadie, y mucho menos, de la misma forma con que lo haces tú. Mira que hay tramposos en esta vida, pero a embustero a ti no te gana nadie. Lo digo yo poniendo en cada curva de 'cansado' la misma seguridad con la que afirmo que intentar contigo equivale a lo mismo que intentar saber la hora que tiene un reloj sin manecillas ni números, una perdida de tiempo. Lo digo tan convencida de ello como de que te has olvidado de que carnavales ya terminó y de que vas por la calle con el disfraz de gran persona, pero he tenido la desafortunada suerte de que te lo quitaras delante de mí y juro que te vi más vacío que desnudo.

Supongo que si esto fuera el musical de mi vida, te diría que esta es la parte en la que me convierto en Selena Gómez  y  canto "Same old love" mientras te bloqueo del núcleo de mi vida, pero no, no te mereces ni que llame a esto que tuvimos 'amor', ni que nuestro nosotros sea algo viejo, porque eso significa que para mí duró y yo quiero que seas en la historia de mi vida más fugaz que las estrellas, que un parpadeo, que una cerilla encendida en un día de viento y sin protección. No quiero comprar más entradas para este circo que es nuestro triste vaivén formado por tu indiferencia y mis 'y si...', ni tengo tampoco de profesión payasa para que te estés riendo de mí. Me faltan dedos para contar todas las oportunidades que rechacé por tenerte a ti en mi mente, por este estúpido gusto que tengo a no dejar ningún intento en el tintero, por esa afición a tirarme del avión sin fijarme en si el paracaídas está bien abrochado, por tirarme con los ojos cerrados y los brazos abiertos. Pero después de una serie de estrellamientos, puedo jurar que ni siquiera la calidad de la adrenalina de saltar al vacío por ti es buena.

Ahora es cuando te preguntarás si guardo algo bueno para ti. Te pierdes entre líneas buscando algo que te alce ese ego tan creído que quieres aparentar tener. Te desearía que encontraras el amor pronto pero no le deseo la condena que lleva tu nombre ni a mi peor enemigo. Aunque voy a sacar contigo mis dotes de bruja y te voy a adivinar el futuro sin ni siquiera leerte los ojos. Porque el amor también es rencoroso, casi, casi tanto como yo y un día casi, casi tan cansado como yo de que lo uses para alegrar tus pantalones, te va a tirar su cruz en toda la cara y vas a sangrar lágrimas. Por favor, no confundas esto, no estoy pasando página, ni cambiando de capítulo y, mucho menos, de libro. No me voy a ningún lado, no voy a desaparecer como si me creyera maga. No voy a cerrar ninguna puerta con llave y, mucho menos, me voy a ninguna playa con una caña para conocer nuevos peces. Menos lirismos. Esto es un jódete sutil, un no intentes nada si me ves, un no pierdas más tu tiempo y, sobre todo, no me lo hagas perder a mí, porque no te mereces ni un céntimo de este.

A lo mejor parece que habla la rabia y no yo, pero en realidad es el sentimiento consumido. Es el todo transformado en nada. Aunque, bueno, pensándolo bien, sí siento algo por ti y se llama Pena. A los fantasmas los he visto asustarse cuando te encuentran de noche y tu sombra se santigua cuando dices que eres malo. Vives pretendiendo ser el Don Juan Tenorio del siglo XXI y no sabes que él murió sin que nadie quisiera salvarle y lleno de dolor. Pero si es lo que quieres, es lo que tendrás, una muerte diaria de ilusiones de 'quizás' que te podrían alegrar la sonrisa pero prefieres disparar contra ellas. Espero que tantos polvos no dejen a tu alma hecha cenizas. Nunca había visto a nadie sentenciar a muerte la felicidad tan rápido como tú pero, seas como seas, ahora tu masoquismo lo sufres tú solito. Y te diría que te voy a echar de menos pero odio las restas y el vacío que te has esforzado en dejar es tan diminuto que con una sonrisa al día lo puedo llenar y resulta que tengo tanta suerte en mi rutina que siempre encuentro un motivo para hacerlo. Así que, si algún día te acuerdas de mí, espero, primero, que te duela algo y no sepas exactamente qué es, que te escueza mi ausencia, al fin y al cabo se lo debes a más de uno de mis ya pasados insomnios. En segundo lugar, espero que recuerdes que nunca te he necesitado para nada, que me basto yo sola y que quisiera vivir ciertas cosas contigo no implica que no las pueda vivir yo conmigo misma, o con una nueva oportunidad en el filo de un nuevo beso, o con las personas que me abrazan y siento que nos abrigamos el pecho de tanto que las quiero.Y todo aquello que no quisiste dar, ya me lo darán. Ya me lo está dando la vida, de mil formas distintas, con diez caras distintas y con cientos de gestos distintos.

Por la parte que me toca, yo me voy a ser feliz, a volar indomable como siempre, a despreocuparme del amor y sus consecuencias como hacía antes de conocerte. Voy a bailar y a beberme los buenos momentos a largos tragos, pero, sobre todo, voy a cambiar este cansado en ilusionado, porque quiero, puedo y me lo merezco.

martes, 5 de septiembre de 2017

Quiero ser...

A lo largo de mi vida he querido ser muchas cosas, he querido ser cantante, he querido ser buena estudiante, he querido ser como mi madre, he querido ser periodista, ser buena amiga... He querido ser muchas cosas pero desde que te conozco esa lista ha cambiado.

Ahora quiero ser la mirada que siempre quieras ver, tu mensaje favorito y tu sueño más sexy y dulce. Quiero ser algo tan sencillo como alguna de tus sonrisas del día y ser los labios que anhelan los tuyos. Quiero ser tu ángel y cuidarte en cada noche de tormenta, ser ese abrazo que te rodea en medio de la oscuridad. Quiero ser tu aleluya y hacerte sentir lleno de cariño, sobre todo cuando más vacío te sientas. Quiero ser como las luces de navidad en mitad de la noche y que sientas que sin saber por qué la esperanza te entra por los ojos y te invade por dentro.

Quiero ser tu bruja y que sientas que se cumplirán todas las veces que te diga que todo saldrá bien, que sientas que hay magia en la yema de mis dedos y por eso te gustan tanto mis caricias. Ser la mano que siempre encuentras y la que te aprieta fuerte cada vez que te sientas débil. Quiero ser tu paloma de la paz y darte calma solo con mi voz, hacerte todo el bien que me gustaría hacerle al mundo.

Por querer, quisiera ser tu trébol de cuatro hojas y hacerte sentir que puedes con todo lo que te propongas porque si creo en ti es porque sé que da igual las veces que falles, puedes hacerlo. Quisiera ser ese ánimo que te impulsa hacia arriba cuando caes y ayudarte con la cura cada vez que te hagas daño. Ser tu paño para recolectar todas las lágrimas que corren por tu cara y secar todas esas que se quedan colgando en la orilla de tus ojos. Quiero acariciarte el pecho y tocarte el corazón.

Mira, yo no quiero que me llames "amor" pero quiero que sientas que conmigo esas letras cobran un poco más de sentido. Quiero ser el viento que te invita a volar y esa nube en la que te pierdes. Ser la melodía de tu canción favorita y hacerte sentir que solo suena para ti. Quiero ser ese recuerdo del que nunca te terminas de olvidar del todo.

Yo no quiero ser tu domingo por la tarde, yo quiero ser cada instante que quieras compartir conmigo. Tu mareo preferido, tu mosca cojonera favorita, tu caja fuerte de los secretos andante, tu pesadilla más bonita. Quiero ser ese gnomo que te hace reír y te hace carantoñas para que sonrías. Quiero ser tu película favorita, esa de la que nunca te cansas de ver y de la que te sabes hasta los diálogos. Quiero ser tu mar en calma, ahí donde te bañas para encontrar tranquilidad dentro de ti.

Lo sé, sé que todo esto puede parecer a "típica persona enamorada", sé que puede parecer que todo esto es producto del amor, que es demasiado empalagoso... Pero qué más da lo que piense el mundo, lo que opinen, si es muy cursi, si es demasiado dulce... ¡Qué más da! Qué más dará todo lo demás si todos queremos y todos tenemos un abrazo favorito, a una persona a la que llamamos "hogar". ¿Qué importa el resto? Si quiero ser todas estas cosas es porque te quiero.

miércoles, 5 de julio de 2017

Carta al amor de mi pasado.

Querido amor de mi pasado, hace mucho tiempo que llevo queriendo escribirte y no porque quiera que vuelvas, sino porque a veces te echo de menos y porque a veces siento que te debo tanto...Sé que todo esto te sonará extraño. Sé que la expresión "ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos" se queda pequeña porque parece que han pasado siglos. Sé que fui yo quien dio el portazo, cerró con candado y perdió la llave. Pero hay cosas que no cambian por mucho que pase el tiempo y mirar hacia el pasado y no verte a ti en primera fila es imposible. También sé que no es justo que de repente me plante en la puerta de tu presente, entre sin ni siquiera preguntar y lo ponga todo patas arriba. Sé que todo esto te sonará raro porque me he negado tanto a girar la cabeza para ver todas las huellas que he dejado, que he puesto universos completos entre nosotros para cuidar las cicatrices, que he vivido como si no las tuviera y todo eso para alejar el dolor alejándote con mil lunas de mí.

Cada vez que te recuerdo surgen miles de sentimientos, de emociones, de palabras... Y sé que si te viera ahora, no tendría el suficiente coraje para decirte todo lo que me gustaría decirte, no porque quedara pendiente, sino porque, después de todo, mi corazón quiere decirte tanto...Porque merece decirlo, porque mereces saberlo, porque nuestro antaño amor lo merece.

Quizás lo primero que deberías saber es que te he olvidado sin olvidarte del todo. Que sí, que ya no me emociona leer tu nombre como antes, ni la idea de verte me eriza la piel, que en mi futuro ya ni se encuentran tus besos y esa afirmación ya ni me duele. Pero todo el dolor se fue y orgullosa quiero decirte que solo se me han quedado pegados a mi pecho los recuerdos felices, los buenos momentos se quedan para permanecer y estoy infinitamente agradecida por ellos, porque fueron contigo y por eso fueron únicos e irrepetibles.

No te voy a mentir, ahora es otro la herida que duele, los labios por los que daría cualquier cosa con tal de rozarlos, la mirada en la que me quiero quedar a vivir, los brazos que anhelo volver a abrazar. Y es verdad que ya pensarte no es rutina, que ya no extraño retroceder hasta llegar hasta tus caricias, que ya no deseo volver a escaparme hasta tus besos, que ya no anhelo reandar lo andado a tu lado a pesar de que las piedras nos cayeran al final como caídas del cielo, destruyéndolo todo, destruyéndonos. Pero pienso en ti y se me inunda el cuerpo de tanto cariño, se me llenan los ojos de nostalgia y la sonrisa con la afirmación de que a tu lado fui feliz. No te voy a mentir, ya no te amo pero te recuerdo con amor.

Sé que hablarte de quienes fuimos ya no tiene sentido porque ya no somos los mismo, ni siquiera físicamente. Ya no podemos ser porque yo ya no soy la misma persona inexperta. Hemos crecido. Ya no me viste la niñez y tengo otras metas. Aunque siga reflejando con mis ojos la inocencia, aunque la nobleza me gane, aunque le sigan acompañando a mi nombre los mismos adjetivos, ya no podemos ser porque entre quienes fuimos y quienes somos hay más de mil días que nos hemos perdido.

Otra de las cosas que me encantaría decirte es la de que aunque haya cambiado, he luchado por mis sueños, esos que te decía que me gustaría tanto cumplir, que las arrugas que se me forman en las ojeras siguen estando, aunque creo que un poco más profundas. Que llevo todos estos años negándome a escribirte, renegando el plasmar en papel todo lo que llegaste a hacerme sentir, que no fue poco, y que he sido tan jodidamente orgullosa que ni siquiera me he dado cuenta de que sin querer siempre te he escrito a ti, que te has encontrado presente en todos mis escritos de una forma indirecta. Porque...¿Cómo hablar del amor sin hablar, ya no del amado, sino de quien te enseñó a amar? Fuiste caricia que enseñaba y bofetón de aprendizaje, la piedra y la mano que levanta. El paraíso y el desierto. La sonrisa y la lágrima. Todo eso fuiste. Todo eso eres. Todo eso serás hasta que se muera mi memoria.

Hace mucho que dejé de llorarte y dejaste de ser anhelo constante, que mi día a día ya no está hecho de pedazos de ti. Pero hay canciones que bajo su melodía escribí tu nombre y ahora cada vez que suenan te cantan, parece que con ellas viajo a otro tiempo juntos. A veces me pregunto como hubiera sido mi vida si no te hubiera amado, a ti, el primero que supo llegar a mis sentimientos sin darme cuenta, el primero que me robó el corazón y por el que me atreví a hacer tantas locuras...Sé que pensarás que los años me habrán vuelto más cursi, que habré perdido la cordura, que nada de esto tiene sentido, pero te juro que no exagero. Nuestro amor no pudo haber sido tan grande e infinito mientras duró. Es probable que hubiera amado a otros muchos si no te hubiera conocido, de hecho, lo he hecho después de que nuestra última tormenta acabara en desastre, pero a ninguno voy a amar como te amé a ti y, aunque a lo mejor quieras negarlo y no te culpo, estás en tu derecho, nadie, absolutamente nadie me va a amar de la misma forma con la que lo hiciste tú y eso le basta a mi pecho para hacerte eterno.

Por último, mi corazón quiere darte las gracias. Gracias por todas las heridas, por los rasguños que finalmente necesitaron cocerse, gracias por haberme dado lo mejor y lo peor de ti. Gracias por haberme querido tanto y haber pintado en el lienzo de mi vida recuerdos tan bonitos. Gracias porque contigo aprendí a amar, contigo conocí tantas y tantas cosas del amor, ese dulce que da siempre una de cal y otra de arena, contigo aprendí que las historias están sobrevaloradas y que amar a la persona que es como un mejor amigo es mucho mejor. Gracias por haber tenido tanta paciencia conmigo y haber estado cuando más te necesité. Gracias por haber amado cada parte de mí, hasta la más fea, porque el recuerdo de ese amor me hace sentir más fuerte. Gracias por enseñarme a vivir.

jueves, 8 de junio de 2017

El sol y la luna.

Eso de que el día y la noche son imanes que nunca se tocan es mentira. Ellos hacen el amor en cada atardecer.

Es el sol ardiente y calmado el que tras su larga jornada toma con caricia suave a la emotiva y alegre luna. No hay libido más dulce que el que se desata en el roce de los labios de una antítesis. No hay acercamiento tan próximamente lejano que no se anhele más que el de dos cuerpos con ansias de tenerse.

Siempre,en cada atardecer, se colman de caricias ligeras que disfrutan cada milímetro que rozan y con los ojos cerrados y los sentidos despiertos se recorren con mimo delicado. Se enredan con anhelo pausado gozando cada recta, cada curva, cada espacio y cada lugar como si ya no volvieran a verse más. Fuego sosegado que tiñe cada palmo con cada paso de las yemas de los dedos en la superficie del otro. Poco a poco se desvisten con amor lento y el ardor recorre a través de sus labios cada centímetro como si quisieran memorizarlos.

Con cada beso se difumina cada vez más todo lo que les rodea, como si ya nada más existiera y como si ya nada importara. Pasión estelar que les lleva al mejor respiro, al mejor refugio, al mejor oasis.

Cada vez se pierden más el uno en el otro, aunque más que perderse, se encuentran con deseo imparable. Pecado anhelado que repetirían mil y una veces. Cada vez se degrada un poco más la diferencia entre el brillo del día y la oscuridad de la noche, ¿quién iba a decir que durante un momento son uno y no dos?

Y cada vez da más igual todo porque el sol hace suya a la luna y la luna hace suyo al sol. Crean  colores con sus manos y su mejor lienzo es la piel del otro, destiñendo todo el cielo con cada vuelta de pasión, crean colores con cada suspiro, con cada gemido, con cada grito de amor. Se vacían de lo peor y se llenan de lo mejor. Triunfo momentáneo que pueden disfrutar una vez al día y que les hace más bien que todo lo bueno junto mientras pintan el cielo con el sabor de la gloria.
Si es que cuando se fusionan todo se ve más bonito, todo se emociona, todo se apasiona. Frenesí tierno que conmueve a toda alma que contemple su resultado.

Tengo que decirte que cuando te conocí, el momento mejoró levemente y todo parecía un poco menos oscuro. Cuando te veo me siento más contenta, más animada y con más ganas de todo, de recorrer hasta las esquinas de cada ciudad, de buscar risa hasta en las cosas que no tienen sentido y de coleccionar momentos en una memoria con espacios en blancos reservados para nosotros. Ganas de vivir más intensamente cada instante, de cometer locuras por muy pequeñas que sean, de conocer cosas, sitios y experiencias nuevas, de experimentar, de sentir y de que pase todo lo que tenga que pasar.  No solo me trasmites confianza, sino también la sensación de que vales la pena, o más bien, que vales cada sonrisa, cada momento y cada segundo.

Por mi parte, debería contarte que a mí, si me dejan, sí estoy en las buenas, pero, sobre todo, me gusta estar en las malas. Cuando todo se ve negro y se necesita un poco de calor, un aliento, un apoyo, un "estoy aquí y no te dejaré solo". Da igual lo densa que puede ser la niebla, la incertidumbre, el dolor o la angustia, yo seguiré ahí. Porque yo no soy de las que se van, sino de las que se quedan, porque no me da miedo la oscuridad desde que sé que no hay nada que salve más que los abrazos y siempre los doy fuertes y largos cuando se necesitan y, a veces, cuando no, también.

Quiero decir, querido sol, ¿te gustaría que yo fuera tu luna?

jueves, 27 de abril de 2017

Pirata

A veces me gustaría ser pirata y recorrer mundo sin deuda maldita que no sea otra que la de volver siempre a la orilla que me vio nacer. A veces me encantaría ser pirata y, así, poder desatarme de esta vida encadenada a los prejuicios, a las decepciones, al dolor y a la hipocresía. Me lanzaría a la vida de la lucha contra la rutina y la presión de no poder ser totalmente quién soy por la crítica continua y esta moralidad mal diseñada. A veces quisiera ser pirata para poder ser ese ilegal de los sueños y colarme en ellos para cumplirlos todos. Que quiero degallitarme la garganta por subidones de adrenalina, quiero tempestades y tormentas, que más que zarandear el barco , me zarandeen a mí y me recuerden que vivir es todo menos cómodo. Que los mejores relatos son los que te escribes en tu piel con sal y sol, testimonios que corren de ola en ola, hasta llegar a la gloria y acabar en el recuerdo de la única historia qué tendrá mi nombre y que hablará de mí cuando ya no esté. Que quiero surcar mares sin modas , ni tendencias, sin esta mala manía que nos han inyectado las redes sociales de aparentar ser felices. Yo no quiero aparentar, yo quiero ser. 

A veces me gustaría ser pirata y someterme a las únicas normas que me dictan los sentimientos del pecho, navegar con la única ley de vivir sin otras leyes que no sean las del respeto. A veces, me encantaría ser pirata, y ondear mi bandera con orgullo por todos los rincones del mundo para descubrirles los pequeños grandes tesoros que esconden las piedras del lugar en el que nací, las palmeras con las que crecí, la arena que me ve partir, pero también regresar, acogiéndome desde la primera pisada con su calor. Aunque para tesoros, el de conocer islas jamás encontradas y recolectar vistas de lugares que no aparecen ni en el más detallado mapa, aprender miles de miles de culturas y llenarme la espalda de aprendizajes. A veces quisiera ser pirata, porque sé que mi lado más rebelde combina muy bien con el reflejo del mar en mis ojos y sé que yo no tengo barba, pero sí mucho coraje e infinitas ganas de levantar espada por la igualdad y justicia. 


Y a veces me gustaría ser pirata para poder tener la suficiente valentía y la bastante fuerza como para arrojarte como aguardiente la patraña de que ya no te quiero. A veces, me encantaría ser pirata y ser criminal de tus recuerdos, acuchillarlos sin piedad, ni perdón. Atravesarlos de principio a fin con tanta crueldad que hasta Barba Roja, si lo viera, se le desteñirían esos pelirrojos matojos peludos que tiene en la cara. Deshacerme de ti y expulsarte de mis sentimientos sin que ni siquiera duela. Hacerte caminar por la tabla con la misma impiedad con la que tú me tiraste a los tiburones, sin que ni siquiera, me diera cuenta hasta que me estaban devorando hasta el llanto. 

Me encantaría ser pirata y tener la suficiente dureza como para mirarte con desprecio mientras me río en tu cara. Porque si hubiera sido pirata, no hubieras jugado conmigo y no me hubieras descuartizado en tantos trozos el corazón, o tal vez sí, pero hubiera tenido la oportunidad de partir lejos como todo buen pirata hace cuando comienza sus proezas, con un pasado negro anclado en un lugar que no te perseguirá a no ser que lo busques, y no lo buscas hasta que pensarlo ya no mata, o puede que sí, que lo busques y te conviertas en suicida por amor a quien fuiste. 


A veces quisiera ser pirata para irme lejos de ti, para conocer otras tierras, otros cielos, otra gente. Embarcarme en bares desconocidos, flotar entre copas para, después, timonear con las manos en otras pieles, zambullirme en nuevos ojos y zarpar en nuevas bocas que no sepan mi nombre, ni mis sueños, ni el lugar de mis cosquillas, y mucho menos, mis errores, esos que también me llevan a ti. Y cuando toque en la ventana el amanecer, irme con la excusa perfecta por fuera de que tengo como misión conocer el mundo, y marchar con la verdad por dentro de que nadie puede igualarse a ti, ni nada podrá hacerme sentir lo mismo que me hiciste sentir tú. 


Si pudiera, sería pirata para buscar esa paz interior que perdí el día que te hiciste puerta, para cuidar todo el daño de la soledad acompañada por un mar que me arde las heridas, pero que me cura con anhelo lento, para librar batallas con la misma rabia con la que lucho a cada cierto tiempo, con cada uno de tus recuerdos y, por una vez, ganar. Y cada noche, volver al mecer marino para refugiarme en los versos cantados al ritmo de las olas, esos versos que te lloran a ti, o más bien, a mí sin el "contigo". Me pasaría los días atracando en puertos, perdiéndome en un infinito más grande que el de este amor trunco que tuvimos tú y yo, aprendiendo cantos marineros y venciendo poco a poco, hasta que el destrozo del todo en mí se quede en nada. 


Porque si fuera pirata, me vestiría con la ropa Coraje, me colocaría el gorro Independiente, empuñaría la espada Indomable y me pondría de nombre "Libertad".