lunes, 6 de febrero de 2017

Lo supe.

Hay qué ver cuántas cualidades tiene una persona y qué poco nos basta para enamorarnos. Con todas las cosas que hay y termina siendo una sonrisa, un gesto bien llegado, un guiño, una palabra, o, a veces, simplemente una mirada, la que nos hace caer. Y bendita forma de caer.

Aún recuerdo la primera vez que caí en ti y lo inesperado que fue para mí. Aún recuerdo la forma en la que supe que lo que sentía por ti no eran sentimientos sueltos, ni sensaciones confusas y que lo que quería contigo iba más lejos, más allá de una amistad más entre tantas.

Lo supe porque me di cuenta de que no sabía si eran mis cachetes o mis sentimientos los que estaban más ruborizados y eso me encantaba. Me sigue encantando. Lo supe cuando me percaté de que hacía tiempo que, sin darme cuenta, te pensaba cada poco y me salía la sonrisa sola. Y me sigue saliendo. Lo supe cuando me di cuenta de que cada vez tenía más ganas de verte y verte me daba más ganas de quererte y ahora te quiero como nunca pensé que te iba a querer. Lo supe cuando me percaté de que las canciones que hablan de esperanza, ya me recordaban a ti, de que ya no necesitabas estar cerca para erizarme la piel, y de que no me cuesta nada perderme en ti, en tu sonrisa, entre tus manos y en tu mirada. Porque al perderme en ti, me encuentro con el pecho un poco más lleno de felicidad y eso es algo que agradezco enormemente.

Si es que parece una historia exagerada, cuando en realidad somos verdad, porque llamarnos cuento es insultar a este dúo que es uno y que somos nosotros, mezcla de tranquilidad y tormenta, de cariño y confianza, de subidas y bajadas que nos hace sonar a magia.

Y no sé desde cuando tu nombre en mi vida es tan importante, pero lo que sí sé es que a pesar del miedo al qué podría pasar y a dónde nos acabaría llevando estos sentimientos que a veces parece que se me van a salir del pecho para correr a besarte. A pesar de la inseguridad y de la duda de si tú estarías igual, me volví valiente y me aventuré a por ti, porque vales todos y cada uno de estos sentimientos en peso y ellos no se merecen no llegar nunca a su fuente. Me armé de valor y me tiré a probar suerte y la mejor suerte que encontré fuiste tú rodeándome entre tus brazos.

Desde ese día todo giró y su resultado dio positivo porque llenas anhelos que ni sabía que tenía, que nos cumplimos deseos que ni siquiera conocíamos que soñábamos, que nos cuidamos las heridas que ni siquiera sabíamos que podríamos tener sensibles, terminando de curarnos del todo. Si es que ya no visitas mi recuerdo, ya habitas en mi memoria. Y si me preguntaran qué opino, diría que este nosotros que nos une se merece una vida larga y mientras dure será feliz porque estaremos tú y yo en él y eso basta para serlo todo.

A todo esto, en realidad, no importa la forma en la que terminaste atrapándome del todo, porque fueron pequeños detalles de ti que recibía a diario, que fueron todas y cada una de esas partes que te hacen ser tú, ser inigualable e increíble.  Fueron esas pequeñas cosas tan tuyas las que me fueron haciendo caer poco a poco, que fuiste tú entrando lentamente en mi rutina para llenarla de sonrisas y de tu forma de querer tan particular. Así que me imagino que tendré que darle las gracias al destino y a la vida por haberme dado la oportunidad de caer en alguien al que puedo decir que prometo darle lo mejor de mí, por ser tú, por ser yo, por ser nosotros, dos personas que se quieren con una autenticidad irrepetible.

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